De inconscientes y defensas.

Artículo publicado en la revista El Psicoanálisis nº 36 de la ELP.

El descubrimiento del inconsciente y la invención del psicoanálisis, por parte de Freud, agujereó los discursos que lo precedieron. Lacan habló de “acontecimiento Freud” ocupándose de transmitir sus coordenadas, al mismo tiempo que renovó el psicoanálisis para ponerlo a las puertas del siglo XXI.


J.-A. Miller orienta y ordena esa enseñanza, en diferentes paradigmas, ubicando un punto de inflexión en lo que denominará “la ultimísima enseñanza de Lacan”, a partir del capítulo 9 del Seminario XXIII El Sinthome, llamado “De lo inconsciente a lo real”.[1] Una inflexión a partir de la cual dicta los últimos seminarios (inéditos).

El capítulo IX trata de una clase en dos partes. En la primera expone algunos temas novedosos y en la segunda dialoga con las preguntas que le hacen. Allí Lacan afirma lo siguiente: “Yo inventé lo que se escribe como lo real”.[2] Es decir, Inventó la escritura de lo real, como un acto, asignando ese nombre a uno de los tres redondeles de cuerda. La conceptualización de los tres registros – imaginario, simbólico y real- es anterior, pero su ubicación en la cadena borronea le da un estatuto diferente que explora y desarrolla a partir de los años setenta.

Las consecuencias clínicas y prácticas de la cadena borromea no son fácilmente pensables, ni imaginables, es un mero tipo de idea que se basa en la disyunción de lo simbólico y lo imaginario. Al mismo tiempo, el nudo borromeo solo existe y se sostiene si cada uno de los tres redondeles se considera como extranjero a cada uno de los otros dos.

Lacan no habla del inconsciente real en El Seminario 23, – finaliza el 11 de Mayo de 1976. En el capítulo IX dice: “La hipótesis del inconsciente, como subraya Freud, solo puede sostenerse si se supone el Nombre de Padre. Suponer el Nombre del Padre, ciertamente es Dios. Por eso si el psicoanálisis prospera, prueba además que se puede prescindir del Nombre de Padre. Se puede prescindir de él con la condición de utilizarlo”.[3]

En realidad, en este Seminario no habla del inconsciente real, pero se produce un cambio en el estatuto del inconsciente. Se trata del reverso del lacanismo anterior en el que ubicaba al Otro como fundamento del sujeto: “El inconsciente es el discurso del Otro”. En el capítulo IX de El sinthome estamos, por el contrario, en el camino de un inconsciente que es, por decirlo así, el discurso del Uno, este Uno del cual Lacan dice que le plantea problemas, ya que se trata de un Uno solo.[4] Dicho de otra manera, Lacan nos habla de un sujeto que habla para sí, y en el que todo lo que atañe al Otro no deja de ser sospechoso. Podríamos decir, la sospecha de una defensa frente al goce propio ignorado del que nunca queremos saber. Esa es la razón por la que los análisis llevados hasta su final son tan largos. Las palabras enredadan, no alcanzan a decir la verdad, velan y portan, al mismo tiempo el goce del sujeto.

Sin embargo, una semana después, en el texto “El prefacio a la edición inglesa del Seminario XI” fechado el 17 de mayo de 1976, escribe: “Observemos que el psicoanálisis, desde que ex-siste, ha cambiado. Inventado por un solitario, teórico indiscutible del inconsciente (que no es lo que se cree, yo digo: el inconsciente, es decir real, solo si se me cree), se practica ahora en pareja”.[5]

El inconsciente es real. Esta proposición, nos dice Miller, merece ser meditada porque no va para nada de suyo.[6] Hacer surgir el inconsciente en tanto real nos lleva a diferenciarlo del inconsciente en tanto transferencial, lo que no supone su anulación. Miller nos advierte que no hay que considerar el primer Lacan y el último Lacan como si una teoría superara a la otra. Más bien se trata de este tipo de formación que evoca Freud acerca de la neurosis, a saber, una superposición y una acumulación de teorías distintas de alguna forma co-presentes.[7]

Acercarse a la ultimísima enseñanza de Lacan, sin extraviarse demasiado, supone considerar las múltiples aporías que encontramos allí, en la lógica de la topología de la banda de moebius. Hay un punto de inflexión, que Miller considera que hace agujero en su enseñanza, pero recorremos como en la banda de moebius, pasamos de un lado a otro sin cruzar ningún borde. Avanzamos, nos enredamos y damos vueltas como en la cadena borromea, hacemos un recorrido y nos volvemos a encontrar con algunos puntos de referencia que nos resultan imprescindibles para que el conjunto no se desanude.

Es decir, el inconsciente tiene un estatuto simbólico y por lo tanto es interpretable y poco tiempo después nos dice que es real y está por fuera del sentido. Nos encontramos ahí en un borde que nos puede conducir, desde el punto de vista de la posición del analista, al abismo o a la invención. En realidad, hay que considerar los diferentes registros de la interpretación y poder operar, en la perspectiva de lo real, teniendo en cuenta que eso no impide que en la práctica clínica el analista hace un uso de la transferencia y del acto analítico singular para cada parlêtre,[8]el que más convenga. Desde el punto de vista de la relación a lo real, nos dice J.A. Miller, el deseo del analista “es un deseo de alcanzar lo real, de reducir al Otro a su real y liberarlo de sentido”.[9]

En última instancia la concepción del final del análisis cambia con esta orientación hacia lo real. La lógica del pase se orienta desde el inconsciente transferencial al inconsciente real y nos da la medida de como el pasante puede dar cuenta de cómo saber arreglárselas con su síntoma y obtener una satisfacción.

En el primer Lacan el psicoanálisis es pensado a partir de lo simbólico. En el reverso de su enseñanza el Otro está destituido y el sujeto es pensado a partir de lo real, lo simbólico y lo imaginario como tres consistencias. El lugar del Otro es el cuerpo, el cuerpo propio. La experiencia analítica supone darle al cuerpo y al goce una función más elevada que la que le asignaba el psicoanálisis pensado a partir de la categoría de lo simbólico.

Si el orden simbólico es devaluado, ¿cómo pensar el psicoanálisis a partir de la palabra si no está basado en el Otro? Si lo real es exterior al sentido, ¿cómo pensar el psicoanálisis en la perspectiva de lo real?

Lacan dará una primera respuesta promoviendo el equívoco como el procedimiento interpretativo mayor. Este planteamiento no resuelve totalmente la antinomia interna o el hiato que existe entre la perspectiva de lo real separado del semblante y la práctica que opera  a partir del sentido. El hecho de que podamos distinguir diferentes regímenes de la interpretación no resuelve del todo los interrogantes que se desprenden de la última enseñanza de Lacan.

En noviembre de 1976 Lacan comienza a dictar el Seminario 24. Podríamos decir que aquí comienza el “traumatismo Lacan” que nos sumerge en un territorio a explorar. En el semanario 23, Lacan nos dice que lo real es su respuesta sintomática y Miller subraya en el Seminario de Orientación Lacaniana que dicta en 2006 que se “rompe la cabeza” para explorar este camino abierto por Lacan.

En la lección del 11 de enero de 1977 del Seminario 24 Lacan dice: “El inconsciente es que fundamentalmente hablamos (…) solos. Hablamos solos porque no decimos nunca más que una sola y misma cosa -salvo si nos abrimos a hablar con un analista. No hay forma de hacer de otra manera que recibir de un psicoanalista lo que perturba la defensa”.[10]

En la presentación del tema del IX Congreso de la AMP, Jacques-Alain Miller subrayó que “para entrar en el siglo XXI, nuestra clínica deberá centrarse sobre el desbaratar a defensa, desordenar la defensa contra lo real”[11].

Podemos encontrar el término –perturbar- en la “Dirección de la cura” cuando Lacan evoca el caso del hombre de la jugarreta de prestidigitación.[12] Podríamos leer, con respecto al caso del hombre de los sesos frescos, que Lacan le indica a Ernst Kris que allí donde él interpreta la defensa hubiera sido necesario perturbarla.[13]

Lo real sorprende porque se demuestra en la experiencia del análisis vinculado a la contingencia y no solamente de los efectos del significante sobre un cuerpo imaginario, sino que incluye la instancia de lo real que es la pura repetición de lo mismo.

Desbaratar la defensa es un desmontaje que va más allá de la castración o de los circuitos pulsionales del objeto a para encontrar los bordes de goce que rodean esos circuitos, aquello que se mantiene no negativizable en su iteración. Es así que puede abordarse lo que sería la consistencia de lo real en la experiencia de un análisis.[14] Es lo que J.-A. Miller, es su último curso[15]ha aislado como la dimensión del Uno-solo que se repite. Allí está, verdaderamente, la zona fuera de sentido y fuera de garantía.[16]

Es fundamental recordar la indicación de Lacan para la instalación de la transferencia y la dirección de la cura: “la resistencia (…) toma su partida en el analista mismo.[17] De manera que la resistencia del parlêtre analizante puede ser eco de la resistencia de analista. No se trata solamente de ceñir y perturbar la defensa sino de desmontarla, deshacer aquello del goce ubicado en los intersticios de los simbólico y en los bordes pulsionales que el cuerpo encierra.

Esto permite una vía para la invención de la práctica que no viene determinada por la garantía del Nombre del Padre o de la posibilidad de ir más allá de la travesía del fantasma. La perspectiva del sinthome abre una vía nueva en la propia experiencia analítica. Arribar a lo más singular de cada uno exige un esfuerzo de poesía que incluirá el sentido, el equívoco, la resonancia y el agujero. Una puesta al día que J.-A Miller promueve y que tiene consecuencias sobre la clínica orientada por lo real del síntoma. Miller subraya que “no tenemos porqué renunciar a llevar a cabo este zurcido -renovación- para ir ajustando el psicoanálisis al siglo XXI”.[18]


[1] Miller, J.-., El Ultimísimo Lacan, Paidós, Bs. As. 2012, p. 55.

[2] Lacan, j., El Seminario 23: El sinthome, “De lo inconsciente a lo real”, Paidós, Bs. As., 2006, p. 127.

[3] Lacan, j., El Seminario 23: El sinthome, “De lo inconsciente a lo real”, Paidós, Bs. As., 2006, p. 133.

[4] Miller, J.-., El Ultimísimo Lacan, Paidós, Bs. As. 2012, p. 24.

[5] Lacan, j., Otros escritos, “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, Paidós, Bs. As., 2012, p. 599.

[6] Miller, J.-., El Ultimísimo Lacan, Paidós, Bs. As. 2012, p. 24.

[7] Ibíd., p. 43.

[8] Parlêtre es un neologismo que introduce Lacan al final de su enseñanza, para diferenciar el sujeto del inconsciente, el sujeto freudiano, del sujeto que tiene un cuerpo que goza, el goce del cuerpo como goce de la vida. El parlêtre es hablante pero también es hablado.

[9] Miller, J.-A., “Un real para el siglo XXI”, Silicet, Un real para el siglo XXI, Grama ediciones, Bs. As., 2014, p. 27.

[10] Lacan, J., Seminario XXIV, Línsu que sait de l´une bévue s´aile à mourre, lección del 11 de enero 1977, en Ornicar?, nº 14, Lyse, Paris, 1977, p.7.

[11] Miller, J.-A., “Un real para el siglo XXI”, Silicet, Un real para el siglo XXI, Grama ediciones, Bs. As., 2014, p. 27.

[12] Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos 2, Siglo XXI, Bs. As., 1987, p. 612.  “Un paciente que se muestra impotente le propone a su amante hacer entrar a otro hombre en el baile. Ella tiene un sueño. Aunque ella tenga un falo, quiere sin embargo tener uno. El efecto es que el paciente recupera sus capacidades. Comentario de Lacan: la mujer restableció con astucia “un juego de escape que el análisis ha perturbado”. Esta expresión, que intriga, juego de escape, alude a la defensa.

[13] Ibíd., p. 579

[14] Laurent, E., Lo real puesto al día en el siglo XXI,” De lo real en un psicoanálisis”, Grama ediciones, 2014, p. 115.

[15] Miller, J.-A., Curso de Orientación lacaniana, “El ser y el uno”, 2011. Inédito

[16] Laurent, E., Lo real puesto al día en el siglo XXI,” De lo real en un psicoanálisis”, Grama ediciones, 2014, p. 115.

[17] Lacan, J., Seminario 24, L´insu que sait de l´une bévue s´aile a mourre, clase del 11 de abril de 1977. Inédito.

[18] Miller, J.-A Lo real puesto al día en el siglo XXI, “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Presentación del tema del X Congreso de la AMP en Rio de Janeiro, Grama ediciones, 2014, p. 323.

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