Presentación del libro: Ensamblajes y piezas sueltas, online.

Jueves 25 de febrero, 20h.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

Santiago Castellanos.

Contaremos con la presencia del autor.

Presenta: Francesc Roca

Coordina: Ana Meyer

Organiza: BIBLIOTECA ORIENTACIÓN LACANIANA VALENCIA

REUNIÓN VIRTUAL

Acceso libre

ELP Comunidad Valenciana le está invitando a una reunión de Zoom programada.

Unirse a la reunión Zoom

Las personas que queráis participar me podéis pedir los datos de acceso a la reunión (por correo -lo encontraréis en la web-) .

El aforo es limitado

Conferencia online: Clinica de la fibromialgia y del cuerpo del dolor.


“Clínica de la fibromialgia y el cuerpo del dolor. Una nueva alianza entre el psicoanálisis y la medicina
Se tratará de ubicar algunas coordenadas clínicas desde la perspectiva psicoanálitica para la fibromialgia, caracterizada por el dolor generalizado del cuerpo, de un cuerpo afectado por el goce deslocalizado y sin límite, en una práctica que requiere una nueva alianza con la medicina.
Conferencia a cargo de Santiago Castellanos
Coordinación: Julia Gutiérrez
INSCRIPCIÓN ABIERTA AL PÚBLICO
La conferencia se celebrará el próximo viernes 26 de febrero a las 20:30 h, en formato online, utilizando la aplicación Zoom.
El aforo está limitado a 500 asistentes. Las inscripciones se confirmarán por orden de pago e inscripción. Los honorarios para asistir a la conferencia son 5€ para los NO inscritos en el Seminario del Campo Freudiano de la Sección Clínica de Madrid (Nucep), como colaboración en los gastos.
Los participantes inscritos en el Seminario del Campo Freudiano recibirán su invitación para asistir a la conferencia sin coste adicional.
Para inscribirte debes completar el formulario y realizar el pago online. Una vez confirmado el pago recibirás un email de confirmación de la inscripción en tu buzón de correo.
Clickea el siguiente enlace.

https://nucep.com/conferencia-online-clinica-de-la-fibromialgia-y-el-cuerpo-del-dolor/

La radicalidad subversiva de la práctica clínica.*

*Intervención en el debate organizado por la Sección Clínica Nucep sobre la Vigencia del psicoanálisis, el día 15.07.2020.

Forma parte del discurso común el argumento de que el psicoanálisis es una práctica trasnochada y antigua. Sin embargo, un siglo después mantiene su vigencia y vitalidad.

 

Nos podemos preguntar ¿porqué sobrevive el psicoanálisis como discurso y como práctica clínica?

Para responder a esta pregunta voy a desarrollar, brevemente, dos ideas: La primera, la radicalidad subversiva de su práctica clínica (1) y la segunda el esfuerzo de invención que es propio del discurso analítico.

Una cosa que nos enseña la experiencia analítica es lo perdido y desorientado que el ser humano se encuentra en el mundo. Lacan dirá en su última enseñanza la conocida afirmación de “No hay relación sexual”, es decir no hay en el ser hablante, a diferencia de lo que ocurre en el mundo animal, nada que sirva a la manera de cómo funciona el instinto para orientarse en la vida y en la relación con el otro sexo.

Frente a esa dificultad, radical o parcial, que constatamos en la práctica clínica no hay una única solución, a lo sumo habrá una solución singular para cada uno. Una solución sintomática, que al mismo tiempo puede ser fuente de malestar y sufrimiento.

Se puede decir que el psicoanálisis es subversivo porque no se orienta por la lógica de la adaptación a la realidad, a diferencia de otras psicoterapias, sino que parte del síntoma para tratar de arribar a su incurable.

Hay una paradoja incluida en el mismo dispositivo: el análisis cura porque se orienta por lo incurable del síntoma de cada uno. Constatamos en la práctica que cuanto más se aisla ese incurable de cada uno, más efectos terapéuticos se producen. A cada uno su síntoma, su solución y su incurable. Esa es la especificidad de la clínica de orientación lacaniana.

Y encontramos su fuente desde los comienzos del psicoanálisis. Freud advirtió de que no se trata en el psicoanálisis de actuar a través de los deseos humanos más comunes, de hacer el bien, de comprender y mucho menos aún, del deseo de hacer a los otros a su imagen y semejanza. Advirtió del riesgo del furor sanandi y trató de distinguir los procedimientos de las terapias sugestivas de la analítica.

Alojar la queja o el síntoma sin pretender nada de antemano, acompañando al paciente a reducir y cernir la causa de su extravío es una posibilidad que solo se produce desde una escucha analítica bien orientada.

Y para que esto ocurra es fundamental un consistente trabajo de análisis personal de los analistas y esto supone tiempo y formación.

La neutralidad lacaniana se sostiene en que el analista, en el dispositivo y en la transferencia, no es un sujeto, es decir no es un sujeto del inconsciente. Quiero subrayar que Lacan la propuso a partir de la función del “deseo del analista”, un deseo que cuando opera en la práctica clínica suspende los ideales, las identificaciones y de los propios fantasmas.

De esta forma la cura analítica subvierte la norma y el standard. Cada paciente precisará sus tiempos. Los análisis pueden ser más largos o más cortos, la duración de las sesiones es variable, la relación de cada uno con el inconsciente nos da un índice de la posibilidad de hasta donde se puede o conviene llegar.

En esta diversidad, en esta perspectiva por fuera de la norma, el psicoanálisis como práctica y como discurso encuentra su fuerza y la posibilidad de su renovación. Esto le permite al discurso analítico puede intervenir sobre los nuevos debates acerca de los feminismos y la sexuación, porque se sitúa por fuera de la tradición y la heteronormatividad.

Y esto implica un esfuerzo de invención para responder a los nuevos síntomas contemporáneos.

En Comandatuba (Congreso AMP 2004), J. A. Miller declinó tres respuestas que se esbozan en el psicoanálisis contemporáneo ante lo que llamó el discurso hipermoderno.

La primera, el psicoanálisis fundamentalista que apela a la tradición, es decir a restaurar el discurso del amo tradicional, al inconsciente de papá y mamá.

La segunda, el psicoanálisis 

pasatista, que consiste en decir que no pasa nada, nada ocurre, que el inconsciente es eterno.

La tercera, la posición progresista que intenta poner al psicoanálisis al paso del progreso de las ciencias y de las falsas ciencias, para tratar de dar una traducción neuro-cognitivista de la metapsicología.

Luego, dice Miller, existe la práctica orientación lacaniana, o más bien, existirá pues se trata de inventarla. Por supuesto, no se trata de inventar exnihilo. Se trata de inventarla en la vía que abrió el último Lacan, lo que nos plantea múltiples interrogantes.

Sin duda, el psicoanálisis en el siglo XXI tiene que encontrar nuevas formas que le permitan escuchar las demandas de la época.

No es el tiempo de la moral victoriana de la época freudiana. El sujeto contemporáneo puede estar sin brújula, pero ese vacío es ocupado por discurso de la hipermodernidad que promueve la segregación, el racismo, la degradación del lazo social y el empuje a gozar.

Hay que decir que Freud dejaba fuera del análisis, aquellas enfermedades, que llamaba “neurosis actuales” porque se presentan al margen de la subjetivación del paciente y no pasan por el nivel de lo simbólico.

Este déficit de lo simbólico, como una dificultad en la cura, tiene en la modernidad una gran actualidad. Encontraremos en Lacan una “puesta al día” de los instrumentos para abordar esa clínica del síntoma y del goce, del exceso, de las adicciones etc…en que el sujeto no quiere saber, de entrada, de la causa que lo aflige.

Vertiente del sentido del síntoma y la del goce del síntoma, sujetos desubjetivados con una relación al inconsciente a producir.

Quiero subrayar también los desarrollos de la clínica lacaniana en relación a las psicosis y su orientación de “no retroceder” ante las mismas.

El psicoanálisis se renueva a partir de la invención freudiana y de la lectura que Lacan propuso en los diferentes momentos de su enseñanza. Con el inconsciente el resorte del análisis es la interpretación y la verdad, con el último Lacan y la clínica del parlêtre, el resorte de la clínica es el goce.

Quiero terminar con una referencia de Lacan de 1975 en la que aclara cuál era el tipo de racionalidad constitutiva del psicoanálisis y de la práctica analítica: “Lo real es lo que no anda. El mundo marcha, gira en redondo, es su función de mundo. Para percibir que no hay mundo (…) basta destacar que hay cosas que hacen que el mundo sea inmundo, si se me permite expresarme de este modo. De esto se ocupan los analistas (…) solo se ocupan de eso. Están forzados a sufrirlo, es decir, a poner pecho todo el tiempo, para ellos es necesario que estén extremadamente acorazados contra la angustia” (2).

Estar acorazados contra la angustia exige un análisis personal y una formación siempre en posición de analizantes. Y en eso estamos, es la aportación de la Sección Clínica-Nucep del Instituto del Campo Freudiano en España.

Santiago Castellanos


  1. Miller, J.-A. Conferencias Porteñas, Tomo I, “Conferencia a los estudiantes de Psicoalogía (1989)”, Ed. Paidós. Bs. As. 2010, p. 269.
  2. Lacan, J. El triunfo de la religión. Paidós, Bs. As. 2005. P. 76.

 

 

El coronavirus: un real sin ley.

Según el informe elaborado por el Imperial College de Londres, uno de los Centros Colaboradores de mayor prestigio de la Organización Mundial de la Salud, nada volverá a ser igual durante un largo tiempo. Las diferentes estrategias epidemiológicas utilizadas hasta la fecha en los diferentes países, desde el origen de la epidemia en China, han obtenido diferentes resultados, pero de todas ellas se deducen perspectivas muy sombrías.
En este informe se subraya que se tardará al menos un año en obtener una vacuna contra el coronavirus. El epidemiólogo Neil Ferguson reconoce que no hay garantías de que las primeras vacunas vayan a tener una eficacia alta. Los modelos que se aplican para calcular las consecuencias sanitarias y sociales de la actual epidemia nos informan de graves consecuencias y de muchas incertidumbres. Una amplia información sobre todo esto la podemos encontrar en los medios informativos habituales y de forma específica en una amplia literatura científica que circula en medios profesionales. Muchos de ellos hablan de que estamos en una fase de la epidemia inicial a nivel global, con diferentes desarrollos en cada país, pero que el ciclo tendrá diferentes ondas expansivas y que esas ondas se prolongarán según los modelos más optimistas entre 12 y 18 meses.
El director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, dejó clara el lunes 16 de marzo la importancia de hacer las pruebas diagnósticas en todos los casos necesarios: “No podremos frenar esta pandemia si no sabemos quién está infectado. El mensaje es simple para todos los países: hagan los test en cada caso sospechoso. Si el resultado es positivo, aíslenlo e investiguen con quién ha estado en contacto en los dos días antes de tener síntomas. Y hagan el test también a esas personas”. Dicho de otra manera, aunque los contactos estén asintomáticos habría que hacerles las pruebas, algo que el protocolo en España ni si quiera al día de hoy lo establece.

Desconozco las razones, probablemente sea debido a la incapacidad para realizarlas, pero no se trata de lo que recomienda el saber de la ciencia. Epidemiólogos e infectólogos de larga experiencia de grandes hospitales españoles han realizado declaraciones en este sentido desde que se detectó el primer caso de transmisión local el 26 de febrero. La realización del mayor número de pruebas posibles parece haber sido una de las herramientas fundamentales para frenar el avance del virus en países como Alemania o Corea del Sur. Parece ser que el sistema sanitario español no estaba preparado para una respuesta a una epidemia de estas dimensiones. Lo que sí se sabe es que el patrón epidemiológico es el mismo que Italia desde el comienzo de la crisis en los primeros días de febrero.
No es mi idea escribir sobre todo esto porque no aportaría nada nuevo. Me interesa más reflexionar sobre las consecuencias subjetivas y lo que escucho en la clínica con los pacientes.

Lo primero que hay que subrayar es cómo esta crisis afecta a la vida de las personas por el hecho de que tienen un cuerpo. Las restricciones del lazo social, el aislamiento, la no presencia del cuerpo en los hechos de la vida, introduce una pérdida de la que es necesario hacer algún tipo de duelo. Más allá de las trágicas pérdidas de vidas humanas que esta epidemia está produciendo, la pérdida está ya funcionando de antemano.
Una persona me decía hoy que nuestro sentido de la “normalidad” está alterado. Si habíamos asumido como algo “normal” auténticas tragedias humanas como las guerras, el hambre y la barbarie que azotan grandes zonas del plantea, lo novedoso es que lo que está pasando nos afecta a nosotros directamente, es decir a nuestros cuerpos. La amenaza no es imaginaria, es real.
Un paciente, al que considero un hombre muy inteligente, me hablaba de que partíamos de un “exceso”, de un “desborde” en el estilo de vida que la civilización estaba tomando, de su deriva, y que esto había que considerarlo como una corrección inevitable y al mismo tiempo lamentable. A su manera habla de lo que el psicoanálisis lacaniano nombra como un exceso de goce, un exceso que se produce a partir del funcionamiento del discurso capitalista, en el que el sujeto es consumido por la propia proliferación de los objetos de consumo. Podríamos añadir que el mismo ecosistema, el hábitat del ser hablante, se presenta amenazado por ese exceso sin aparentes límites.
Me decía que es normal que el ser humano busque el placer o le guste viajar, pero eso no tenía nada que ver con que 10.000 turistas atraquen un día en la ciudad de Barcelona y la “arrasen”, o que millones de personas volaran en aviones que surcan el cielo cada día de una esquina a otra del planeta.
Ese desborde tenía que encontrar un límite y según su razonamiento el “coronavirus” lo estaba haciendo de la peor de las maneras, introduciendo una pérdida de graves consecuencias en todos los aspectos. Habrá un antes y un después.
La elaboración de esta pérdida a través de lo simbólico se presenta compleja porque ninguno de los discursos hegemónicos, cubren ese agujero en lo real de la vida. Llama la atención el silencio de la Iglesia, del discurso universitario y al mismo tiempo las insuficiencias e incertidumbres que presenta la religión del siglo XXI: el discurso de la ciencia.

Hoy día 17 de marzo, a las 20 horas, cuando estaba en el salón de mi casa he oído un ruido atronador que procedía de la iniciativa ciudadana de aplaudir todas las noches, desde las ventanas, al personal sanitario que está demostrando una entrega y una vocación sin precedentes. Ellos son los héroes, en todo el país, de los ciudadanos que vivimos aislados en cada una de nuestras casas las 24 horas del día. No se puede salir, no se puede circular, no se puede visitar a nadie si no es con una causa justificada. Hay miedo, angustia y esperanza depositada en aquellos que salen todos los días a garantizar los servicios básicos del funcionamiento de lo social -no solamente los sanitarios, aunque ellos se hayan convertido en los iconos de la esperanza-. La respuesta cívica una vez que se ha subjetivado la gravedad de la situación es ejemplar.
Mientras se aplaude algunos cantan, otros gritan aferrándose a consignas que representan sus ideales. ¡Viva España! me ha parecido escuchar entre los aplausos. Los ideales, algunos de ellos claramente xenófobos y segregacionistas, son aprovechados por los líderes de la extrema derecha para alimentar el odio a lo extranjero. La comunidad china en España, siendo consciente de este problema, está dirigiéndose a los hospitales para entregar centenares de miles de mascarillas como muestra de solidaridad.

En la otra cara de la moneda circulan por internet infinidad de chistes, videos y reproducciones de situaciones irónicas que nos permiten reir por un instante. La agudeza propia del lenguaje humano, que ya Freud localizó como una de las variantes del tratamiento de lo traumático, encuentra su expresión en las redes sociales.
En la clínica psicoanalítica observamos cómo este real traumático resuena de distinta manera en cada uno de nosotros. Pacientes graves que se estabilizan por la contención que introducen las medidas de alarma implementadas por el Gobierno, pacientes que se desestabilizan porque experimentan lo que está ocurriendo como una amenaza o una conspiración que en algunos casos es la fuente de un delirio, pacientes que se angustian, pacientes enredados en múltiples asuntos de la vida cotidiana que hablan de que todo lo que ocurre les hace darse cuenta de lo verdaderamente importante para ellos (cada uno en su particularidad), pacientes asustados y aterrorizados porque están en cuarentena con clínica sospechosa de padecer Covid-19 pero a los que no se les hace las pruebas diagnósticas. Ni al paciente ni a sus contactos.

Al mismo tiempo lo que está pasando está cambiando la práctica, podríamos decir que por fuerza mayor. Durante mucho tiempo el psicoanálisis de orientación lacaniana ha defendido frente a otras opciones terapéuticas la importancia de la presencia de los cuerpos en la dirección de la cura. Pero eso no será posible en el corto y medio plazo. Nuevas formas se reinventan utilizando las nuevas tecnologías para poder seguir escuchando a los pacientes. Algunos porque están en cuarentena, otros porque tienen miedo a salir a la calle y durante los próximos meses porque directamente las medidas del Gobierno prohíben la libre circulación de las personas.
Las instituciones psicoanalíticas tienen también que reinventarse para mantenerse vivas y no quedar hibernadas. La importancia del lazo social es imprescindible para el sostenimiento del discurso analítico y la transferencia de trabajo. Ese lazo y el discurso propio tendrán que hacer el uso que convenga de las nuevas herramientas tecnológicas que facilitan al menos la comunicación, el intercambio de ideas e incluso la conversación. Herramientas que eran desconocidas por nosotros, pero con las que tenemos que familiarizarnos e incorporarlas a la vida institucional en sus diferentes niveles.

La experiencia de un análisis nos enseña que si bien lo real traumático queda como un agujero e inasimilable a lo simbólico hay que “arreglárselas con eso”.
Considerar que este tsunami del coronavirus ha llegado y presentará varias olas expansivas que circularán por el planeta durante el próximo año -según nos dice la Organización Mundial de la Salud- nos plantea la necesidad de pensar el funcionamiento y la organización de la vida institucional bajo la condición de que la presencia de los cuerpos no será posible de la manera en que lo estábamos haciendo hasta ahora. Es muy probable que no se puedan celebrar jornadas, encuentros y reuniones grandes a lo largo de 2020.

¿Cómo afectará y qué consecuencias tendrá para el lazo social, para el propio psicoanálisis, la pandemia que sacude todas las estructuras productivas, políticas, económicas y sociales?
Es una pregunta que nos tenemos que hacer y de alguna manera hay que poner a trabajar algunas respuestas.
Los gobiernos de los países europeos han respondido inicialmente con el anuncio de medidas económicas y sociales impensables en la Europa en la que predomina el discurso neoliberal. Se podría pensar en una equivalencia entre el Plan Marshall orquestado por EEUU para la reconstrucción de Europa tras la segunda guerra mundial y lo que los diferentes gobiernos europeos están instrumentando en este momento.
Las instituciones analíticas y los psicoanalistas también tenemos que reinventarnos, defendernos frente a lo real, encontrar el “propio plan”, aquél que sirva a la causa que nos une.