“SEGREGACIONES”

Conferencia de apertura de las XV Jornadas de la ELP en 2017 en Madrid.

 Les presento tres puntuaciones.

 

1.-Las mujeres abrieron a Freud las puertas del inconsciente.

En el año 1885 Freud se dirige a París atraído por la fama de Charcot y aterriza en hospital de la Salpêtrière. A Freud le interesaban particularmente las investigaciones sobre la histeria a la que terminará dando un estatuto de dignidad negado por la medicina. Él se da cuenta de que tras sus espectaculares síntomas hay una verdad.

En 1882, antes del encuentro de Freud con Charcot, Breuer le habla de una paciente, Bertha Pappenheim, feminista judía de nacionalidad austríaca, defensora de los derechos de la mujer y de los niños, cuyo caso será conocido como el caso de Anna O.

El caso de Anna O. podríamos considerarlo el caso fundador del psicoanálisis .

Una joven de 21 años, inteligente, culta y educada. Ella llevaba una vida monótona y limitada a la familia. El acontecimiento que precipitó su padecimiento fue la enfermedad mortal del padre, a quien estaba muy unida, y a quien cuidó como si fuera su enfermera. Comenzó a presentar una gran debilidad física por la falta de apetito, tos, dolores de cabeza y perturbaciones de la visión. En ocasiones el comportamiento de la joven se tornaba violento, se desgarraba la ropa.

Breuer la visitaba por la noche, mientras se encontraba en un estado de hipnosis autoprovocada y conversaban, lo que la aliviaba de manera muy significativa.

Anna O. encontró una expresión para designar ese procedimiento al que llamó “curación por la palabra” (talking cure) porque le permitía rememorar recuerdos y emociones que la paciente no tenía inicialmente en la conciencia. Muchos años después en 1932, Freud, en una carta a Stefan Zweig, uno de sus defensores más apasionados, recuerda lo que realmente sucedió con la paciente de Breuer. La noche del día en que todos sus síntomas quedaron bajo control, le llamaron para que la viniera a ver una vez más; la encontró confundida y retorciéndose de dolores abdominales. Cuando se le preguntó qué le pasaba, respondió: “Ahora viene el niño del doctor Breuer”.

En ese momento Breuer tuvo la clave entre sus manos y la dejó caer. Con un horror convencional, se marchó de vacaciones con su mujer a Venecia y de allí nació una hija. En el caso de Anna O. se trataba de un embarazo imaginario, no real, que la paciente ofrecía a Breuer atendiendo a lo que ella suponía que era el deseo de Breuer: tener un hijo.

Es muy probable que Breuer le hablara a Freud de ese embarazo histérico una noche de julio de 1883, según la biografía de Peter Gay, aludiendo a ciertas cuestiones secretas para ambos del caso. Freud fue el encargado de llevar hasta sus últimas consecuencias los descubrimientos de Breuer.

Freud era un hombre de ciencia y con coraje que no retrocedió ante las dificultades y las paradojas de la transferencia en la experiencia analítica. Un hombre de coraje, como Lacan, cuando fundó su Escuela en el año 64 tras su exclusión de la IPA.

Una de las pacientes que enseñaron mucho a Freud fue la baronesa Fanny Moser, una viuda rica que atendió en 1889 y 1890. Denominó este caso como “El caso de Emmy Von N.”

Padecía tics convulsivos, inhibiciones espásticas del lenguaje y alucinaciones recurrentes sobre ratas y serpientes que se retorcían. Ella habla de sus escenas traumáticas y sobre todo, según Freud, le pedía que la dejara hablar: “Entonces, francamente malhumorada ya, me dice que no debo estar siempre preguntándole de dónde procede esto o aquello, sino dejarla relatarme lo que desee.”[1]

De esta forma, por tediosos y repetitivos que fueran sus relatos tenía que escucharlos hasta el final porque de lo contrario se ponía furiosa. Ella se ponía furiosa ante el interrogatorio a la que le sometía Freud porque ella quería hablar y no se sometía al método más clásico de la medicina.

Al mismo tiempo le enseñó otra cosa, según le dijo a su hija en 1918, que el tratamiento por medio de la hipnosis es un procedimiento absurdo e inútil, lo que le impulsó a crear la terapia psicoanalítica tal y como la conocemos hoy: la escucha y la asociación libre.

Así comienza el período germinal del Freud y el invento de eso que llamamos el psicoanálisis.

Lacan se encuentra con Aimée, una joven empleada de correos ingresada en el hospital tras un delirio de persecución y un pasaje al acto el 10 de abril de 1931 en el que atenta contra una actriz famosa de la época. Desde la publicación de su tesis doctoral y la definición dentro de la paranoia de un nuevo grupo “La paranoia de autopunición”, Lacan inicia un camino que culminará con una enseñanza de la que todos nosotros somos deudores: el psicoanálisis de Orientación Lacaniana y la Asociación Mundial de Psicoanálisis de la que la ELP forma parte desde su fundación bajo la orientación de Jacques Alain Miller.

2.- La segregación y el racismo significantes amos de la época.

Segregaciones, es un título que se me ocurrió hace unos días tras la larga noche del 8 de noviembre en la que Donald Trump fue elegido Presidente de los Estados Unidos.Se ha escrito mucho en todo el mundo para intentar comprender las claves y las consecuencias.

Para el psicoanálisis se trata de interpretar o comprender los temas trascendentales de la civilización en términos de discurso porque es la manera en que Lacan piensa el lazo social.

El concepto de lazo social define, en primer lugar, que el sujeto no es por estructura autista, porque no hay sujeto sin Otro y ubica la importancia de la dominación de los significantes amos que cambian en relación a cada época. En segundo lugar, el concepto de lazo social implica en Lacan que todo lazo incluye un programa de goce. Los discursos se fundan en relación a un goce o mejor dicho a un modo de goce. Aquí encontramos el fundamento de lo social.

Como todos sabemos se trata de un magnate multimillonario que posee su propio Boeing 757, mansiones doradas, que acumula una colección de esposas barbies y que ha sido demandado en más de mil ocasiones ante los tribunales. Además apenas ha pagado impuestos en 20 años. La explicación que se ha dado acerca de que los sectores golpeados por la crisis son los que le han apoyado no alcanza a interpretar el fenómeno. Entre otras cosas porque gran parte de sus votantes son hombres y mujeres de piel blanca, con propiedades, coches, armas y que están muy lejos de pasar hambre. El discurso de Donald Trump ha puesto el acento en el racismo y el odio a lo diferente, la misoginia y el odio a las mujeres de las que ha hablado en un lenguaje descarado, grosero y machista.

Un periodista que conoce en profundidad la realidad de EEUU escribía recientemente: “Conozco a la gente que votó por Trump. Me he encontrado con ellos cuando he hecho reportajes en Texas, Montana, Arizona, Oklahoma, Alabama… Suelen ser amables en el trato, gente religiosa y honesta, decente dentro de su reducida órbita social. Pero tras sentarme a hablar con ellos un rato siempre

he reaccionado con la misma perplejidad: ¿cómo es posible que hablen el mismo idioma que yo en casa? Sus palabras me son familiares pero sus circuitos cerebrales operan de otra manera. Son gente de fe simple, ajena a la ironía; gente que elige sus verdades no en función de los hechos sino de sus creencias o prejuicios; gente que vive lejos de los océanos y del planeta Tierra al que le tiene miedo. Nunca he tenido una sensación similar de desconexión en Europa, África o América Latina. Sólo en el interior de los Estados Unidos”.[2]

No se trata solamente del los grupos supremacistas blancos, los partidarios del Tea party, neonazis etc.. sino de pensar cómo un discurso ha calado en el inconsciente de sesenta millones de personas, un discurso que porta el odio y el racismo como puntos cardinales fundamentales. Millones de personas que no les gustan los que son de otras razas, etnias, religiones porque simplemente representan a ese Otro desconocido, o dicho de otra manera a una cultura y un modo de goce, de vivir la vida, que se les convierte en amenazante y que es preciso segregar. La sombra de la paranoia alimenta la densidad de la segregación.

Jacques Lacan ya anticipó a partir de los años 60 cómo en un mundo en el que los mercados son más globales lo que retornaría es la segregación y el racismo[3]. En el mundo de hoy la segregación y el rechazo a lo que representa la diferencia, frente a las identidades nacionalistas de tinte autoritario y fascista, retorna con una densidad cuyas consecuencias están por verificar.

Este es un proceso global que va más allá del país más poderoso de la tierra y que tiene profundas raíces también en el viejo continente europeo. Este discurso puede ser encarnado por un hombre o una mujer porque para el psicoanálisis el inconsciente no es una cuestión de género. Es un discurso que puede ser sostenido por las mujeres aunque lo hagan con otros semblantes. No hay que mirar muy lejos para percibir la sombra de esa amenaza.

3.- El mercado y la ciencia amenazan con reducir el espacio de la subjetividad y al psicoanálisis mismo.

Hablar del racismo y del rechazo a lo femenino desde el discurso analítico es hacerlo desde otro lugar que desde el discurso común o el de la sociología.

Freud llega a esa formulación a partir de la propia experiencia analítica y la propone en el texto de análisis terminable e interminable. Freud llega a la conclusión de que hay un resto incurable para ambos sexos al que llama repudio o rechazo a la feminidad.

La maquinaria con la que operaba Freud en la clínica es la del Edipo y la castración. Para Freud, en las mujeres la castración desde el principio opera como un resto al final y en los hombres se convierte en una amenaza en el registro de la rivalidad fálica con el Otro.

Para Lacan se trata de una concepción diferente porque cuando se refiere a lo femenino lo ubica a partir del registro del goce, sobre todo a partir del seminario XX “Aún”. Lo femenino sería aquello que escapa a la lógica del falo y a la del sentido que tiene la característica de la medida y de la localización.

Las torres de Trump son la representación imaginaria de un goce tiránico y segregativo y todo lo que opera por fuera de su ley tiene que ser destruido y aniquilado. Por esta razón son los hombres los que han encarnado en la historia, aunque no de forma exclusiva, las mayores masacres para la humanidad y por esta razón a pesar de los avances en el plano de los derechos civiles y de la igualdad de las mujeres ante la ley, lo que retorna es la fuerza segregativa y mortífera contra todo aquello que represente la Otredad y la diferencia desde el punto de vista del goce.

Trump quiere levantar más murallas de las que ya existen y son muchas, quiere expulsar del país a millones de personas, está dispuesto a promover un orden del mundo en el que la tiranía y el odio tenga la primacía.

En ese horizonte el psicoanálisis de orientación Lacaniana y el discurso que sostiene tomará inevitablemente un carácter subversivo porque nuestra razón de ser y nuestra ética se orienta en la perspectiva de lo real, es decir en la perspectiva de aquello que no queda asimilado por la norma, la evaluación y la cifra que la pseudociencia trata de imponer.

Ese discurso tiránico, nacionalista y chauvisnista encuentran en la mujer y en lo femenino, también en el psicoanálisis, una amenaza potencial que la hace equivalente a lo “extranjero”, al otro desconocido y sabemos que la esencia de la segregación consiste en gran medida en el rechazo de la otredad y la mujer viene a ocupar y representar de alguna manera el paradigma de la segregación.

 

En última instancia si el psicoanálisis es deudor desde su creación de la experiencia de escuchar a las mujeres también está en el mismo campo de la segregación que desde el discurso de la ciencia y del discurso capitalista opera.

Por esta razón, Jacques Lacan anticipa en los años 60 que el mercado y la ciencia se convertirán en los nuevos amos que amenazan con reducir el espacio de la subjetividad y al psicoanálisis mismo.

Hay en este sentido una batalla a librar y ahí estaremos.

Nada más muchas gracias.

[1] FREUD, S., “Estudios sobre la histeria”, en: Obras completas, op. cit., pág. 64.

[2] John Carlin, El País 14.09.2016. pág. 8

[3] “ Nuestro porvenir en los mercados comunes encontrará su contrapeso en la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación”. Lacan, J. “Proposición de 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”. Otros Escritos, Paidós, pág. 276.

 

 

 

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