Presencia del analista en la cura (*)

El comentario a esta cita del texto de Lacan de “La dirección de la cura y los principios de su poder” (Punto 19) fue presentado para la preparación de la XVIII Conversación Clínica celebrada con Jacques Allain Miller el 4-5 de marzo de 2017 en Barcelona.

La cita que me propusieron comentar dice lo siguiente:

“Puesto que se trata de captar el deseo, y puesto que solo puede captárselo en la letra, puesto que son las redes de la letra las que determinan, sobredeterminan su lugar de pájaro celeste ¿cómo no exigir al pajarero que sea en primer lugar un letrado?”

 

Comentario:

Esta referencia bibliográfica corresponde al texto publicado en Escritos 2 de Jacques Lacan “La dirección de la cura y los principios de su poder” de 1958. Corresponde al apartado V del texto cuyo título es “Hay que tomar el deseo a la letra”.

 

Esta metáfora de Lacan en la que el deseo es el pájaro celeste y el analista es el pajarero al que se le debe exigir en primer lugar que sea un letrado hay que entenderla en el contexto del momento de la enseñanza de Lacan de este texto.

Lacan recurre en diferentes escritos a distintas metáforas para dar cuenta de la posición del analista. En el Seminario III –dos años antes- nos dice: “La vida del psicoanalista no es de color de rosa, la comparación que puede hacerse entre el analista y un basurero se justifica. Es necesario, en efecto, que aguante todo el día comentarios cuyo valor ciertamente es dudoso, aún más para el sujeto que se los comunica que para el mismo” [1]

Podríamos decir que la función y posición del pajarero –el analista- no es la misma en el primer Lacan que trata de reducir el registro imaginario, que el que explora y desarrolla el orden simbólico –momento en el que hay que ubicar la cita de referencia- o el Lacan que bordea la categoría de lo real al final de su enseñanza.

Está en Lacan presente la idea de que es posible hacer que el ser hablante (no simplemente el hombre) le diga sí a la feminidad, renuncie a ese rechazo de la feminidad que lo afecta. Es por eso que la posición del analista tiene cierta afinidad a la posición femenina. Esto quiere decir que no podemos ser analistas mientras estemos instituidos por el fantasma. Lacan vuelve entonces, por sesgos, por rodeos diversos, sobre la afinidad especial de la posición del analista y la posición femenina.

Hay que aclarar, que para Lacan esto no provee a las mujeres de ninguna garantía en relación a la posición del analista a la que son convocadas en la cura de un analizante, porque las histéricas también se encuentran del lado fálico de las fórmulas de la sexuación.

Este ordenamiento , en relación a los tres registros, nos permitiría hacer un desarrollo acerca de la función del letrado en la experiencia de un análisis. Me remitiré solamente a tomar en cuenta el tema a partir de la cita que corresponde a un texto de 1958.

A partir de 1957 y de su texto “La instancia de la letra…” la relación analítica deja de considerarse como una intersubjetividad . Comienza la gran época del estructuralismo y del inconsciente estructurado como un lenguaje y la interpretación va más allá del arte de evitar las trampas de lo imaginario que se manifiestan en la experiencia de un análisis desde el principio.

Lacan hablará de los poderes del lenguaje [2] y del automatismo de las leyes por las que se articulan en la cadena significante: metáfora y metonimia. En este momento “el deseo es la metonimia de la carencia de ser”.

La perspectiva de la interpretación cambia porque se trata de liberar el deseo de la cárcel del síntoma, o como se expone en la cita que comentamos, en la metáfora del pájaro celeste que encuentra su libertad cuando sale de su jaula, la del síntoma. El síntoma es una metáfora en la que el deseo inconsciente queda atrapado y cuya verdad permanece desconocida.

El desciframiento del síntoma podría permitir que el deseo encuentre de nuevo su libertad, es decir la posibilidad de que encuentre en la metonimia su verdadero estado.

Lacan lo dice al final de “La instancia de la Letra” “…y para esto hacerles entender que si el síntoma es una metáfora, no es una metáfora decirlo, del mismo modo que decir que el deseo del hombre es una metonimia. Porque el síntoma es una metáfora, queramos o no decírnoslo, como el deseo es una metonimia, incluso si el hombre se pitorrea de él” [3]

Lacan compara el deseo con el hurón que no para de correr y en el fondo liberar el deseo, es reencontrar el movimiento permanente de la libido del cual la metonimia se hace eco a nivel simbólico.

Justo el párrafo anterior de esta referencia que estamos comentando, al final del punto 18, Lacan nos dice: “¿A qué silencio debe obligarse ahora el analista para sacar por encima de ese pantano el dedo levantado de San Juan de Leonardo, para que la interpretación recobre el horizonte deshabitado del ser donde debe desplegarse su virtud alusiva?[4]

Se trata del dedo levantado de S. Juan Bautista, un cuadro de Leonardo Da Vinci, que se puede ver en el Louvre en la Grande Galerie. Lacan hace una alegoría donde la verdad última del síntoma, a falta de ser revelada de forma significante, a falta de ser dicha de forma explícita, a falta de ser atrapada en su totalidad, sólo puede ser señalada de forma alusiva, como un dedo señalando una dirección.

Aquí la posición del analista no consiste en restituir la parte faltante del ser del sujeto por la vía de la interpretación, el señalamiento o la rememoración de una historia olvidada.

Como desarrollará más adelante Lacan ese ser del sujeto no está hecho de la misma pasta que la del significante y la interpretación nos confronta a lo imposible de decir. Es una manera de entender la orientación por lo real del síntoma en la perspectiva del último Lacan. El ser es un ser de goce y sobre esto el pajarero-letrado solamente podrá tomar una posición ética para que al final se despeje lo real como resto ineliminable por fuera del sentido.

Esto quiere decir, en mi opinión, que analizarse es hacer la experiencia de la fuga del sentido y que es de la posición del analista, de su acto, de su neutralidad respecto del sentido que depende que esta otra dimensión se abra. En el seminario XXIV Lacan dirá que la neutralidad analítica es justamente esa subversión del sentido.

Tomar el inconsciente en su dimensión del goce es la vía regia hacia lo real del síntoma y esta orientación va a depender en gran medida de la posición del analista.

Pero no nos engañemos, no se trata de tirar a la basura las diferentes herramientas en el plano de la interpretación que podemos extraer de la enseñanza de Lacan, sino de la función o del uso que se puede hacer de ellas. Tal y como subraya Miller en su seminario del 11.05.2011: “Si mi práctica evolucionó, no es por el hecho de haber abandonado la interpretación del deseo, sino por haber dejado de ordenarse en función de ella, para hacerlo a partir de un término respecto del cual no es posible para el analista prevalerse de acordarle el ser, un término que destituye al analista de ese poder creacionista conferido por la interpretación del deseo y que es una cierta potencia de la palabra, la suya propia, que es sin duda necesario aprender a adquirir. Es lo que se enseña en las supervisiones.”

 

(*) Comentario presentado para la preparación de la XVII Conversación Clínica celebrada con Jacque Allain Miller el 4-5 de marzo de 2017 en Barcelona.

[1] Lacan, J. Seminario III, Las Psicosis, pág. 47. Editorial Paidós.

[2] La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 2, pag. 601 y 602

[3] Lacan, J. Escritos 1. “La Instancia de la letra en el Inconsciente…” pag. 508. Paidós.

[4] Lacan, J. Escritos 2. “La dirección de la cura…” pág, 621. Paidós.

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